San Miguel, solo exhibition
Aug. 2025
Espacio Cabeza, Guadalajara, Mexico
curated by Marco Valtierra

For the exhibition, the work was the light moving through the gallery windows. To continue working with this material, the back door of the gallery was opened to let in more light. The ceiling lights were also removed so the space would be filled only with natural light.

The process continued through a commitment to working exclusively with materials already present within the exhibition space. The dimensions of the garage gate from the lower gallery were measured and its form was reconstructed using mud collected from the exterior garden, translating an architectural element into a provisional, site-responsive material gesture.
San Miguel, 2025
Intervention
Site-specific, variable dimensions
Installation view


San Miguel, 2025
Installation, dirt
Site-specific, variable dimensions
Installation view

San Miguel, 2025
Intervention
Site-specific, variable dimensions
Installation views
San Miguel, 2025
Silver gelatin print
20 x 21 cm
AP
San Miguel, 2025
Silver gelatin print
20 x 21 cm
AP
San Miguel, 2025
Silver gelatin print
20 x 21 cm
AP
San Miguel, 2025
Silver gelatin print
20 x 21 cm
AP
San Miguel, 2025
Silver gelatin print
20 x 21 cm
AP

En San Miguel, Maureen Muse convierte la luz natural en materia prima y en gesto radical. La obra no es otra cosa que la coreografía silenciosa de la luz entrando por tres ventanas y una puerta, desplazándose a lo largo del día sobre el espacio vacío de la galería. Es un cine sin película, una imagen en fuga.

En el segundo piso, la forma y el tamaño de la cortina de la cochera reaparecen, pero ya no cuelgan ni separan; reposan en el suelo, hecha de tierra y lodo recogido del jardín. Esta imagen replicada no es una copia, sino un traslado que transforma lo familiar en presencia tangible y corpórea. La tierra otorga peso, textura y gravedad a la forma.

Así, la muestra funciona como correspondencia entre lo etéreo y lo terroso, lo que entra y lo que permanece; lo que escapa y lo que se arraiga. En la planta baja, la luz natural entra, se desplaza y desaparece, construyendo una imagen coreografiada por el tiempo; en la planta alta, la tierra se afirma y permanece, construyendo una imagen que ocupa y pesa. Ambas obras se responden: la luz atraviesa, la tierra soporta; la imagen huye, la forma se detiene.

En este enfrentamiento poético se despliega una tensión entre lo vivo y lo muerto, entre lo celestial y lo doméstico, entre protección y revelación, como la figura de San Miguel, que en muchas tradiciones es defensor contra la oscuridad, luz guerrera que se desliza y no se deja poseer, y, al mismo tiempo, presencia material que resiste. Juntas, estas imágenes, una aérea, otra terrestre, nos enseñan a mirar lo que siempre estuvo ahí, y a reconocer en lo cotidiano otras potencias.

texto por Marco Valtierra